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El inmigrante perdido
Clady Tesio vio por última vez a su hijo hace 17 años, cuando el joven partió a Italia. Durante los primeros cuatro años el joven se mantuvo en contacto. Lo que siguió después fue el silencio total. La madre emprendió una búsqueda desesperada que hasta hoy no abandonó.
Clady Atina Tesio nació hace 73 años en un campo de Elena, en la prov. de Córdoba. Sus padres eran inmigrantes italianos, habían venido muy jóvenes desde Torino (Italia) “huyendo de la Guerra del ‘14”. Por eso, cuando uno de los hijos de Clady fue grande quiso obtener la ciudadanía de sus abuelos. Clady enviudó y volvió a formar pareja hace unos 27 años; de su primer matrimonio tuvo dos hijas mujeres que ya rondan los 50 y “este varoncito que se me ha perdido”.
Clady Tesio vio por última vez a su hijo hace 17 años, cuando el joven partió a Italia. Durante los primeros cuatro años el joven se mantuvo en contacto. Lo que siguió después fue el silencio total. La madre emprendió una búsqueda desesperada que hasta hoy no abandonó.
Clady Atina Tesio nació hace 73 años en un campo de Elena, en la prov. de Córdoba. Sus padres eran inmigrantes italianos, habían venido muy jóvenes desde Torino (Italia) “huyendo de la Guerra del ‘14”. Por eso, cuando uno de los hijos de Clady fue grande quiso obtener la ciudadanía de sus abuelos. Clady enviudó y volvió a formar pareja hace unos 27 años; de su primer matrimonio tuvo dos hijas mujeres que ya rondan los 50 y “este varoncito que se me ha perdido”.
-¿Cómo se llama ese hijo perdido y cuántos años tendría ahora?- Se llama Gustavo Adrián Silva. El se fue con 23 y hace 17 años que ha partido, así que tiene 40 cumplidos.
-¿Cómo es la historia de su desaparición?- Eran los años ‘90, cuando muchos chicos se iban al exterior buscando otro porvenir; él decía:“No me voy a quedar en este país para ganar 300 pesos para pucherear. Yo quiero un futuro mejor!. Y entonces partió para Italia por el tema de la ascendencia mía, mis padres eran nacidos en Italia.
-¿En qué zona de Italia?- Papá en Torino y mamá en Alejandría, vinieron de muy jovencitos disparando de la Guerra del ‘14. Se establecieron en Elena; en ese tiempo los campos eran abiertos, sin alambrados, eran baratos. Mi padre solía contar que él, con el valor de una caja de fósforos, se estableció en un campo y, después de mucho trabajar, lo hizo propio.
-¿Y usted a qué se dedicaba?- Yo viví hasta los 30 años en el campo, hasta que me casé. Y luego, me radiqué en Alcira Gigena, allí puse un kiosquito hasta que me vine a radicar en Río Cuarto, y durante 6 años tuve el kiosco frente al hotel Mendoza. Luego me enfermé, el chico estudiaba, ya se ponía grande y poco me podía ayudar, así que enferma y sola, dejé el kiosco. Lo vendí apurada, lo regalé, era el tiempo de la devaluación.
-¿Qué enfermedad tenía?- Una enfermedad de mujeres, por la que tuve que trasladarme a Córdoba para hacerme cierto estudio para identificar células, porque acá no se hacía. Me mandaron al Hospital Clínicas de Córdoba, allí detectaron que tenían que operarme de útero. Ya estaba bastante delicada y con apuro me operaron pero, gracias a Dios, a las poquitas horas de operarme aumentaron 400 glóbulos rojos. Si no me operaban me iba al suelo.
-¿En esa época todavía estaba su hijo?- Sí, estábamos él y yo porque las chicas eran casadas y yo ya era viuda. Y nos fuimos a vivir a una casita por el barrio Mójica, él quedó en la casita y yo estaba en Córdoba preparándome para la operación. Tan es así que no pude estar para el egreso del Secundario que justo, en esos días, él tenía la fiesta.
- ¿Cómo era la relación entre usted y su hijo?- ¡Era buena, sí, buena! Tanto que él estaba de acuerdo con que yo volviera a formar pareja con este señor con el que vivo. El me decía que hiciera mi vida, porque él se iba a Córdoba a estudiar. Y se fue, se la rebuscó y lo ayudamos como se podía, él ahorraba y hacía algunos trabajitos en Córdoba vendiendo ropa. Pero también le gustaba la publicidad gráfica y, con ese fin, se le metió la idea de que tenía que irse a Italia para poder estudiar publicidad gráfica computarizada porque acá, en el año ‘91, no había. A los dos años que él se fue comenzó la carrera en Córdoba, pero no había cupo para todos, entonces él allá seguía estudiando eso y trabajaba.
-¿Y cómo se comunicaba desde allá?- Nos comunicábamos por carta, algunas veces por teléfono; yo no tenía, pero a través de algunos vecinos me llamaba en algunas oportunidades.
-¿Durante cuánto tiempo estuvieron comunicados?- Hablando ya casi no, porque era molestar mucho a los vecinos y quizás a él le salía caro, pero por carta se comunicó conmigo durante casi cuatro años, y con las hermanas igual. La misma carta que la hermanita recibía, la recibía yo, diciéndonos las mismas cosas, y que después nos iba a enviar otra carta mandándonos una nueva dirección. Pero esa carta, esa dirección, nunca llegó.
-¿Y nunca más tuvieron noticias?- Nunca más, ni yo ni mis hijas. No se comunicó con nadie. Y mis hijas han sido abuelas, y él no conoce su descendencia ni ellos lo conocen a él. Y es un poco triste eso, porque los chiquitos de mi hija que vive en Córdoba lo seguían mucho cuando él estaba allá. ¡Y había venido alto! Llegó a 1,80 de altura, eso lo manifiesto en uno de mis poemas.
-¿Y recurrió a la Embajada, a la Policía, a Cancillería?- Sí; si tengo que resumir todas las búsquedas que hice sería imposible, porque busqué por todas partes y por todas las formas, por todos los medios lo he buscado, desde el Consulado, la RAI de Italia, a la Policía Federal... Pero me dijeron que estaba fuera de jurisdicción y no podían. Entonces me dirigí a la Policía de allá.
-¿Qué decían las autoridades de Italia?-
Fueron más los datos que les di yo para la búsqueda que los que me dieron ellos, porque yo en ese tiempo lo buscaba desesperada. Cuando perdí noticias de él a mí entró la desesperanza, miraba detrás de la puerta a ver si llegaba una carta, y no llegaba. Entonces, lo buscaba por la televisión, en el informativo de la RAI, tan es así que estaba ya como familiarizada con Borelli, el periodista italiano que hablaba y, muchas veces, me pareció verlo a él en las noticias. Muchas cosas no recuerdo, porque tengo una enfermedad crónica y entonces abandoné esto porque me mortificaba mucho. Lo abandoné ante la señal de que desde allá no obtenía ayuda. Pero lo buscamos por Internet, intentamos con Bagnatto (Franco) y no fue posible porque había 400 adelante. Y hasta le mandé una carta al presidente, estaba De La Rúa, y me mandó al canciller. Y la última ayuda que pedí, la última búsqueda fue por medio del cónsul argentino, tampoco recuerdo el nombre, pero era de Buenos Aires.
-¿Qué le dijo el cónsul?
- El lo buscó mediante los datos que yo le había dado y también se los hizo llegar a la RAI, como yo quería, a un programa donde buscaban gente y, tanto él como los de la RAI me hablaron, yo ya tenía teléfono, diciéndome que querían más datos. “¡Pero señores, si los datos que yo tengo se los he dado! ¡Yo necesito que ustedes me den datos nuevos!” Querían más datos, y menos de Italia podía darles yo, porque nunca fui, la conocía sólo por medio de la televisión. -¿En qué lugar estaba su hijo instalado la última vez?- Las últimas cartas que venían eran de Torino. Estuvo un tiempo en Revello trabajando. Allí lo ayudaron un poco, según él decía que eran medios pícaros, porque lo contrataban por un precio, después le pagaban otro... Se lo veía mortificado también al pibe.
-¿Qué más contaba en las cartas además de los problemas laborales?
- Eran problemas laborales, pero que tenía muchas oportunidades, él se inició para ganar sus primeros pesos, en bares, pizzerías, hasta de lavacopas habrá hecho. Y en Revello atendía una barra, era barman, ya ganaba un poquito más y ahí fue donde se disgustó porque parece que no le pagaron lo convenido. Las dificultades fueron por eso y porque él, cada 4 meses, debía renovar la ciudadanía porque cuando se fue, yo no tenía conocimiento de ciertos papeles. Entonces, desde allá, me pidió que le fuera a buscar la ciudadanía a Córdoba. Todo ese movimiento lo hice yo, y me costó lágrimas, porque acá fueron brutos y severos en el Consulado conmigo, por lo que él se había ido así...
-¿Estaba ilegal?
- Sí, pero yo desconocía eso, él me había mostrado un papel que, seguramente, habría obtenido de unos vivos que en la Capital daban ciudadanía falsa. Y él también creyó que era fácil porque, en ese tiempo, en España conseguían con mucha facilidad el permiso y la ciudadanía. Pero en Italia no fue así, él se apuró a ir porque estaba informado de que a los poquitos días se iba a conseguir ese permiso. El fue a casa de unos parientes allá, y un primo lo envió rápidamente a los parientes míos por los papeles. Una prima mía lo ayudó, lo encaminó a buscar el permiso de la ciudadanía, Entonces, ahí empecé yo mis pasos por Córdoba y, como un severo castigo hasta me hicieron llorar: “¡No se la vamos a dar!”, me hablaban en italiano y yo no sé decirlo, pero entiendo el idioma. Y me pedían una serie de requisitos y un plazo muy extendido; la cuestión es que se demoraron mucho, y no sé si la ley era así de severa con todos los que estaban ilegales, porque me demoraron muchísimo la ciudadanía. Cuando vino, yo ya no tenía contacto con mi hijo. Así que me la quedé yo, él no tiene ciudadanía.
-¿Y los parientes que tiene allá no le supieron decir nada?
- Tengo que ser sincera para decir que mi hijo hasta cortó relaciones con los parientes...
-¿Por qué?-
Porque allá se disgustó con unos parientes y no lo vieron más. Y los parientes estuvieron acá en el año ‘94. Los invité a almorzar y me decían:“¡Sta totto bene!”. Y con eso me querían conformar. Me las ingenié para hablar con mi prima a solas y me dijo: “Nosotros lo que sabemos es que vivía en Torino, porque llegaban las boletas a casa, quizás se ha visto en dificultades para pagar pensión”. ¡Yo me amanecía mirando la tele de Italia! ¡Hasta la madrugada miraba las noticias que pasaban de inmigrantes clandestinos! Y a veces creo verlo así que desfila con ellos, agredidos por la policía, y hasta una vez escuché: “¡Son legales las ropas que vendo, son legales!”. Y a mí me pareció que era la voz de él la que hablaba... ¡Cómo la madre no va a conocer la voz de su hijo! En alguna otra noticia me pareció verlo con bastón blanco y ciego, ¡y no es fácil verlo así, porque yo lo despedí entero! Cuando lo vi así, entré en desesperación, ¡tengo que ayudarlo, tengo que buscarlo, tengo que encontrarlo! Y darle una mano... Borelli, el periodista italiano, decía que en Torino los colectiveros tenían orden de no recibir más a los clandestinos, y los policías castigan mucho a los ilegales...
-¿Qué piensa que pudo haberle pasado?
- El canciller me encontró una dirección, me dio un teléfono escrito en lápiz y un fax para que me comunicara. Fui con la traductora de la Sociedad Italiana para hablar allá. Y la traductora habló y le dijeron que no le iban a dar para hablar con él, que estaba bien, y que escribiera nomás. Y me lo negaron, no me dejaron hablar con mi hijo. Entonces presentí que estaba bajo castigo, bajo pena por encontrarse en esas condiciones de ilegal y, aún estando inválido, lo deben tener preso. La última vez que me pareció verlo por la televisión fue en el 2003, cuando deportaban a unos marroquíes en barca. Y a él no lo dejaron subir, porque no era africano. Entonces, quedó solito en el muelle. Es la última noticia que puedo dar...
Ana Solá
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Esta nota la realizo la prestigiosa periodista del medio Diario Puntal de Rio Cuarto argentina a su madre Cledy Tesio, figurando en el archivo del diario on-line en el sitio http://www.puntal.com.ar/
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